sin esperanza desamparada
y entre jasmines sola!.
Segura te encontrabas
tocabas el cielo con las manos
entusiasmada, con un manto
cubierta exclamaste ¡yo loa amo!.
¡Pobre alma mia!, sin ilusión
desilusionada y como de
muerte condenada.
René Campoverde
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