¡Thomas! …
Aun sentía un no se que indescriptible que tapaba mi boca y segaba mi pensamiento, inmóvil cual estatua a escasos metros de lo que dejo el camión recolector de basura. Seque mis lagrimas y le di vuelta a la pagina ya no quería ver las fotos del velorio de Thomas, ya no quería recordar mi impotencia ante el hecho, las caras de todos los familiares que sin decirlo me gritaban ¡CULPABLE! , tú ya es la culpa por no detenerlo, por no impedir que cruzara la calle cuando ya te habías dado cuenta del camión recolector…
Despeje por un momento mi pensamiento y le di un pare a las especulaciones, encerré en el baúl de mi inconciente esos recuerdos y me dispuse a preciar el resto de las fotos.
Mis dedos no dejaban de presionar esas hermosas caderas mientras me trasportaba a otro mundo con su exquisito olor, creo que había combinado algunos perfumes para lograr ese inigualable aroma, ese transportador a un ambiente apacible, inspirador de las mas grandes obras de arte. Entre diez y quince minutos perdí la noción del tiempo, desaparecí al resto de los invitados de la fiesta, solo estábamos los dos, disfrute hasta mas no poder esos minutos que para mi parecieron horas. Sonreí ligeramente mientras disfrutaba de ese recuerdo y aun me parecía tenerla en frente, tan llena de ese extraño aroma encantador. Dios como me arrepiento de haber disfrutado tanto de ella, que no me di tiempo ni siquiera para presentarme, pero que se va hacer ha veces es mas divino disfrutar de una persona de esta manera que intercambiar palabras que ha veces entorpecen la primera impresión. Me entere por uno de mis mejores amigos que aquella preciosura se llamaba Laura, y que para esta fecha ya tenia dos hijos y había enviudado hace dos meces, pero eso para mi es otra historia.
Me recosté sobre la alfombra de la sala y abrí al azar el álbum de fotos transportándome a unos de los momentos mas tristes de mi vida…”MI MUERTE”. De repente vinieron a mí, aquellas punzadas del pasado y aquel dolor indescriptible que se fue llevando mi aliento y que dejo solo un cuerpo inerte.
Aquel cuerpo que en este momento estaban enterando y que yo aun no estaba listo para despedirlo. Deje en el mismo sitio donde lo encontré lo enjuague con unas pocas lágrimas que solo yo veía y deje mis momentos toda mi vida en aquel álbum “mágico” para ellos indefinible para mi, el único capaz de transportarlos hacia mi, y el único capaz de hacerme llegar hasta ellos.
Dos siglos después aun se conserva aquel álbum en la familia Cortez y hasta el día de hoy se recuerda con cariño a don Esteban Cortez, pilar de esta familia.
Rene Campoverde
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